Ambientado en el sórdido y decadente Times Square de mediados de los años 70 (una época en la que absolutamente todo tenía un precio, especialmente el sexo), "La puta vida" retrata, con crudeza y compasión, el universo marginal de prostitutas, proxenetas, drogadictos, traficantes y supervivientes que luchan por escapar de la explotación y aferrarse, aunque sea por un instante, a la esperanza de otra vida mejor.
El espectáculo se adentra en los entresijos de la mítica Calle 42 mucho antes de su transformación en el escaparate luminoso y turístico que es hoy, revelando sus sombras, sus códigos de resistencia y la humanidad que sobrevivía bajo el asfalto.
Con una música vibrante que transita entre el funk, el soul y el jazz, y letras tan incisivas como emocionales, el musical otorga voz a quienes históricamente han permanecido silenciados, fuera del foco. Lejos del glamour habitual del género, "La puta vida" ofrece un retrato descarnado, poderoso y profundamente humano de quienes viven al límite, aferrándose al sueño como único refugio frente a un sistema que los devora y un mundo implacable.